Enero 18, 2018

CONTRA LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL

18 de septiembre de 2012.
Sergio Andrés Muñoz, representante estudiantil electo, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Popular del Cesar; miembro de la Dirección Nacional del Polo Joven; Mesa Amplia Estudiantil del Cesar.
“Un país que no trabaja para el bienestar de sus hijos, sino para el enriquecimiento de una potencia extranjera, está condenado a la bancarrota en todos los órdenes”
Francisco Mosquera.
El tema de la globalización es un tema bastante amplío, lo cual brinda la oportunidad de tener múltiples enfoques sobre esta cuestión, pero precisamente ese factor es lo que lleva a que muchos análisis se desvíen de la esencia del asunto. La cuestión de la globalización presenta dos aspectos fundamentales, uno, el del desarrollo científico y tecnológico, y otro, el político.
El primero alude a las novísimas invenciones en este marco, propias del desarrollo incesante y creativo, producto del esfuerzo humano, que desde miles de centurias atrás imprime cerebro y músculo transformando la realidad que le rodea en su beneficio y amoldándola a sus condiciones de vida en pro de obtener cada vez un mayor bienestar y una mejor calidad de vida y de hacer más fácil su tránsito por el mundo. Es indudable que frente a este aspecto no cabe ningún tipo de oposición. El desarrollo científico y tecnológico obedece a un estadio de desarrollo constante y progresivo, que precisamente, en el actual modo de producción, adquiere una velocidad vertiginosa, inimaginable.
El segundo aspecto es el esencial. Una pregunta ineludible es: ¿en manos de quién se están los avances científicos y tecnológicos, y con qué fines los utiliza? Nos damos cuenta, entonces, de que estos adelantos están principalmente en manos de los Estados Unidos y de otras potencias, y son utilizados para resolver sus contradicciones internas, acceder a recursos naturales, mercados internos y mano de obra de países extranjeros. Justamente Alan Greenspan, antiguo gobernador de la Reserva Federal, dijo el 6 de mayo de 2004: “La globalización –la extensión de la división del trabajo y la especialización más allá de las fronteras nacionales– es evidentemente una clave para entender gran parte de nuestra historia económica reciente.” En pocas palabras, utilizan estos avances como arma de dominio, en lo militar, económico, político e ideológico.
Lo dicho en el párrafo anterior lo resume más claramente la frase de Henry Kissinger, quien fuese Secretario de Estado de los Estados Unidos: “La globalización no es otra cosa que el papel dominante de los Estados Unidos”.
Estados Unidos, producto del desarrollo de sus fuerzas productivas, sufre una crisis de superproducción y, por lo tanto, necesita deshacerse de dichos excedentes. Y la mejor forma de hacerlo es utilizar la cortina de la globalización para entrar a mercados de naciones extranjeras y así arruinar el mercado interno y la soberanía de los territorios a los que entra. Pero no sólo busca esto. Para cumplir sus objetivos a cabalidad es necesario tener acceso a mano de obra barata y a ingentes recursos naturales, sin los cuales no podría subsistir. Una clara muestra de lo anterior es que Estados Unidos consume en promedio 21 millones de barriles de petróleo al día, de los cuales importa más de 11 millones. Como se ve, la autosostenibilidad no es su fuerte, y no sólo en esta área.
Es por esto que desde muchísimos años atrás trazan políticas tales como el Consenso de Washington, el fallido ALCA y los TLC, por sólo enumerar las más recientes. Dentro del Consenso de Washington, codificado en 1989 por John Williamson, tenemos que Estados Unidos hizo las siguientes “recomendaciones” (ya que en la práctica son imposiciones sustentadas en el chantaje) a los países latinoamericanos, y adoptadas por Colombia en 1990: 1. Disciplina fiscal; 2. Prioridad para el gasto social; 3. Reforma tributaria; 4. Liberalización financiera; 5. Tipos de cambio unificados y competitivos; 6. Liberalización del comercio exterior; 7. Apertura a la inversión extranjera directa, IED; 8. Privatización de las empresas estatales; 9. Desregulación, y 10. Respeto a los derechos de propiedad.
¿Qué obtuvo Colombia como resultado de aplicar a rajatabla estas orientaciones?
1. Según datos de la CEPAL, nuestra balanza comercial pasó de ser positiva en 1990 en $542,0 millones de dólares, a negativa en 2002 en -1.897,0 millones de dólares.
2. Pasamos de tener un déficit fiscal de -0,7% del PIB en 1990, a uno de -6,5% del PIB en 2002.
3. La deuda pública, interna y externa pasó de $9,47 billones de pesos a $79,14 billones entre diciembre de 1990 y octubre de 2000. En tanto la deuda externa pública y privada llegó al tope de $39.038 millones de dólares en 2001.
Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, afirmó en 1995 sobre el Consenso de Washington: “El asombroso éxito inicial del Consenso de Washington estaba basado no en logros sólidos, sino en expectativas excesivamente optimistas. El punto no es que las recomendaciones de política que Williamson esquematizó sean equivocadas, pero su eficacia –su capacidad para convertir a Argentina en un Taiwán de la noche a la mañana- fue sobrevendida. Inclusive, los cinco años del reinado del Consenso de Washington pueden considerarse como una suerte de burbuja especulativa, que envolvió no sólo el usual proceso económico mediante el cual el excesivo optimismo del mercado puede convertirse temporalmente en una profecía autocumplida, sino un proceso político más sutil a través del cual las creencias comunes de los tomadores de decisiones y los inversionistas resultaron reforzándose mutuamente. Desafortunadamente, todo proceso de refuerzos mutuos debe confrontar eventualmente con la realidad, y si ésta no es tan buena como el mito, la burbuja explota”.
El ALCA operaba dentro de esta misma lógica, y fue Colin Powell, secretario de Estado de Estados Unidos bajo la administración de George Walker Bush, quien lo explicó muy claramente: “Nuestro objetivo con el ALCA es garantizar a las empresas norteamericanas, el control de un territorio que va del polo ártico hasta la Antártida, libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, para nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio”.
Y la estrategia de los TLC llega luego del fracaso del ALCA. El Congreso de Estados Unidos explica en la Bipartisan Trade Promotion Authority Act del año 2002 cuál es la finalidad de estos tratados: “la seguridad nacional de los Estados Unidos depende de su seguridad económica, la cual, a su vez, está sustentada en un vibrante y creciente base industrial. La expansión del comercio exterior ha sido el motor del crecimiento económico. Los acuerdos comerciales maximizan las oportunidades para los sectores críticos y los bloques estructurantes de la economía de los Estados Unidos, tales como tecnologías de la información, telecomunicaciones y otras tecnologías líderes, industrias básicas, equipos de capital, equipo médico, agricultura, servicios, tecnología ambiental y propiedad intelectual. El comercio creará nuevas oportunidades para los Estado Unidos y preservará el poder sin paralelo de los Estados Unidos en los asuntos económicos, políticos y militares”.
Pero la completa globalización es algo que jamás se dará, y es precisamente Alan Greenspan quien lo explica: Globalización completa, en la cual el comercio y las finanzas son impulsadas solamente por el riesgo ponderado de las tasas de retorno, y el riesgo es indiferente a la distancia y a las fronteras nacionales, es probable que nunca será alcanzada. La repugnancia al riesgo inherente de las personas, y el sesgo implicado por tal aversión, limitará hasta qué punto la globalización puede continuar. Pero debido a que gran parte de nuestra experiencia reciente tiene pocos precedentes, como he señalado anteriormente no se puede determinar plenamente cuánto tiempo tendrá la dinámica de la globalización actual para jugar.”. Omitió decir que las dinámicas de la globalización fueron las que han sumido a Estados Unidos y al resto del mundo en la peor crisis financiera y económica mundial de toda su historia, la cual, paradójicamente, pretende eludir aplicando las mismas propuestas que llevaron a la miseria a las naciones latinoamericanas por mandato del FMI. Y la completa globalización tampoco se dará, no por temores o aversiones, como lo quiere hacer creer Greenspan, sino porque es absolutamente insostenible, incluso para sus creadores y promotores.
A todas luces es evidente que la política de globalización se encuentra en el marco de la política neoliberal, como complemento y sustento de la misma. Colombia ha sido una víctima más dentro de este maquiavélico entramado. Las cifras y los hechos son tozudos, y por lo tanto, la resistencia contra la globalización, que sólo busca acrecentar la desigualdad y el sojuzgamiento, es un deber ético ineludible, ya que su verdadero carácter ha quedado al desnudo y su fracaso ha sido evidente. Nuestra dignidad nacional ha sido mancillada, y como dijese John Maynard Keynes en 1933 “Yo simpatizo, por lo tanto, con aquellos quienes minimizarían, antes que con quienes maximizarían, el enredo económico entre naciones. Ideas, conocimiento, ciencia, hospitalidad, viajes – esas son las cosas que por su naturaleza deberían ser internacionales. Pero dejen que los bienes sean producidos localmente siempre y cuando sea razonable y convenientemente posible, y, sobre todo, dejemos que las finanzas sean primordialmente nacionales”.
Bibliografía.
· Remarks by Chairman Alan Greenspan, Globalization and innovation, At the Conference on Bank Structure and Competition, sponsored by the Federal Reserve Bank of Chicago, Chicago, Illinois, May 6, 2004.
· Taylor, Alan, “A Century of Current Account Dynamics,” Journal of International Money and Finance, 2002.
· Bipartisan Trade Promotion Authority Act of 2002, División B, Título XXI, Sección 2101, b,1l
· CEPAL (2002), Panorama de la inserción internacional de América Latina y el Caribe 2000-2001, Santiago de Chile.
· Williamson, John, Democracy and the Washington Consensus, World Developmnet, 1993.
· Krugman, Paul, Dutch tulips and emerging markets, Foreign Affairs, vol. 74, 1995.
· Suárez, Aurelio, Modelo del FMI –economía colombiana 1990-2000-, Ediciones Aurora, 2002.
· Suárez, Aurelio, Crítica al ALCA, Ediciones Aurora, 2003.

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