Agosto 18, 2017

La CUT, la CTC y la AFL-CIO MANTIENEN SU BATALLAR CONTRA EL TLC CON EE.UU.

José Diógenes Orjuela G
DIRECTOR RELACIONES INTERNACIONALES CUT
MIEMBRO CONSEJO EJECUTIVO  CSA
“La campaña contra el TLC adelantada a mediados de junio pasado en Washington por la CUT, la CTC, la AFL-CIO y otras organizaciones sociales norteamericanas y lo sucedido en la V reunión del Consejo Directivo de la CSA en Rio de Janeiro el 28, 29 y 30 de junio, nos dan una lección de lo que debe y no debe ser el comportamiento de las organizaciones de los trabajadores”.
Ante la embestida adelantada por el gobierno colombiano  y sectores del gobierno y el congreso norteamericano, para presionar la ratificación del TLC en ese país, la CUT  en conjunto con la CTC, RECALCA y otras organizaciones sociales de los dos países, hemos venido adelantando acciones coordinadas con la AFL-CIO, la central sindical de los Estados Unidos, tendientes a contrarrestar  dicha presión.
El gobierno del presidente Juan Manuel Santos, firmó con el presidente Barack Obama,  el pasado mes de abril lo que se denominó “Plan de Acción de Colombia y Estados Unidos para derechos laborales”, el cual incluyó una agenda que culminaría en el presente mes de julio  relacionada con temas como la intermediación laboral especialmente de las CTA, restablecimiento del Ministerio del Trabajo, protección a sindicalistas, impunidad, redefinir los servicios esenciales, reforma al artículo 200 del Código Penal para castigar la negación de los derechos de asociación y negociación, nombramiento de inspectores de trabajo, etc. Dicha agenda fue considerada al unísono por la central norteamericana AFL-CIO, la CUT y la CTC, como un nuevo engaño a los trabajadores colombianos. Se firmó más como una carta de intención, tal como lo demuestran las ejecutorias de gobierno y patronos, solo con el objetivo de lograr el ingreso del tratado al congreso norteamericano para su ratificación.
El engaño se complementó con la iniciativa gubernamental de firmar lo que denominó “Actualización del acuerdo tripartito de junio de 2006“ al que concurrieron la CGT, la ANDI y una representación luego desautorizada de la Confederación de Pensionados, para presentar en la 100 Conferencia de la OIT y ante el gobierno norteamericano. El mencionado acuerdo sirvió par excluir a Colombia de la lista de los 25 países que violan las libertades sindicales y como una demostración de respaldo al gobierno por parte del empresariado y el sindicalismo en el pedido de ratificación del TLC por parte del Senado de Estados Unidos. Nuevamente, la CUT y la CTC denunciaron la firma de este documento como una burla a los trabajadores colombianos, puesto que su contenido no resuelve los graves problemas de violación de las libertades sindicales, los derechos humanos y la sobre-explotación de los trabajadores del país. Ambas Centrales enviaron sendos documentos antes de la firma sobre lo que deberían ser los temas de discusión entre gobierno, empresarios y trabajadores pero fueron desatendidos. El de la CUT, publicado en la edición anterior de este Informativo, fue respondido hace pocos días, diciendo el gobierno que su propuesta no se discute  y que lo que orienta las relaciones tripartitas es el texto ya firmado por el Gobierno, la ANDI y su nuevo aliado la CGT.
Como parte de la estrategia de respuesta definida con el sindicalismo norteamericano para sensibilizar sectores importantes del gobierno, el congreso y la sociedad de los EE.UU., entre el 12 y el 17 de junio pasado, una delegación integrada por cinco compañeros de la CUT y la CTC, bajo la coordinación del director del Departamento de Relaciones Internacionales en conjunto con la AFL-CIO, realizamos en Washington una campaña contra el TLC. La gira incluyó cerca de 30 reuniones con 15 congresistas directamente; otras varias con  equipos de asesores de los mismos; funcionarios del los Departamentos de Trabajo, Comercio, Derechos Humanos, Educación;  sindicatos, sectores afro-descendientes y ONG que acompañan la campaña anti TLC,  todo lo cual culminó con una entrevista en CNN en español y una conferencia de prensa frente al Capitolio con la participación de más de 20 medios de comunicación , la intervención de tres congresistas de los EE.UU., el presidente de la AFL-CIO y la delegación sindical colombiana.
Se denunció ampliamente la situación de violencia antisindical, de violación de los derechos humanos, la sobre-explotación de nuestra mano de obra, el recorte de derechos a los trabajadores norteamericanos, los devastadores efectos de la gran minería no sólo en lo ambiental sino en lo laboral, la orientación de la política agrícola hacia la producción de agro-combustibles y la precarización en sus condiciones de vida de las poblaciones indígenas y afrodescendientes.
Las acciones han servido para contribuir a frenar la ratificación del tratado y para mostrar la posición consecuente del sindicalismo norteamericano expresada en los documentos y acciones que la AFL-CIO ha venido desarrollando. Estas manifestaciones han constituido un obstáculo al proceso de ratificación y concreción que ya lleva seis (6) años de frustración e impide que canten victoria los gobiernos y los sectores proclives al libre comercio. No han valido los cantos de sirena e informes engañosos del gobierno y los empresarios colombianos, ayudados por los medios de comunicación a su servicio, que presentan a los colombianos cotidianamente, al punto que la misma Casa Blanca desautorizó la afirmación del mismo presidente Santos quien con bombos y platillos había anunciado el acuerdo de republicanos y demócratas para ratificar el tratado. “El comportamiento de la AFL-CIO es mucho más claro y consecuente que el de algunos sectores del sindicalismo colombiano”, hemos evaluado en reuniones bilaterales con ellos, al reconocer lo correcto de su accionar y como expresión de lo contradictorio que resulta con quienes desde el sindicalismo en nuestro país, a pesar de señalar a grito entero que están en contra del TLC, sus acciones y expresiones demuestran lo contrario. Lo sucedido en la V reunión de la CSA realizada en la ciudad de Rio de Janeiro, como lo vamos a mostrar nos da una lección también de mucho valor sobre lo consecuente de la posición de la CUT y de lo que debe y no debe ser el comportamiento de las  organizaciones de los trabajadores.
LO QUE SUCEDIÓ EN RIO DE JANEIRO………
Los días 28, 29 y 30 de junio pasado sesionó en Rio de Janeiro, la V Reunión del Consejo Ejecutivo de la Confederación Sindical de las Américas-CSA, evento en el cual se abordaron temas de gran importancia como la actual coyuntura mundial, aspectos de funcionamiento interno, preparación del II Congreso para abril de 2012 y otros relacionados con la situación de los trabajadores de las Américas.
El evento rindió un sentido homenaje a  importantes dirigentes sindicales de la CSA  fallecidos en el último año, entre ellos al compañero RAÚL  ARROYAVE  ARANGO. 
La crisis mundial de la cual no ha salido Estados Unidos y en la que se viene sumiendo Europa, sirvió de telón de fondo al análisis de la coyuntura que fue abordado en el evento. De igual manera fue aprobada por unanimidad una resolución de apoyo al reconocimiento del  Estado Palestino.
La nota discordante fue puesta por el presidente de la CGT. En un intento por tratar de justificar lo injustificable, es decir su comportamiento lamentable en la 100 Conferencia de la OIT, Julio Roberto Gómez, miembro  del  Secretariado de la CSA y del Consejo de Administración de la OIT (lo cual no quiere decir que sea el representante de los trabajadores colombianos)  y ahora aliado incondicional del gobierno, al punto que fue el mejor defensor de éste en dicha conferencia, arremetió intempestivamente contra el resto de Centrales colombianas, señalando en un papel de víctima poco convincente para los asistentes,  que venía siendo objeto de los más duros ataques por parte del resto del movimiento sindical “por defender los intereses de los trabajadores colombianos”.  Esta defensa la sustentó afirmando que el país presentaba importantes avances en materia de libertad sindical y derechos humanos desde la asunción de Juan Manuel Santos a la Presidencia de la República. Resaltó el nombramiento de Angelino Garzón en la Vicepresidencia de la República como una representación del movimiento  sindical. Defendió el Decreto 2025 porque, según él, acababa con las cooperativas de trabajo asociado, en contravía de lo que piensa el grueso del movimiento sindical y sectores sociales del  país. Resaltó la reforma al artículo 200 del Código Penal como efectiva contra los empresarios que nieguen el derecho de asociación y de negociación contrario al análisis de laboralistas colombianos, que sustentan que con esta reforma difícilmente ganarían una  pelea en los estrados judiciales. Catalogó la actualización del Acuerdo Tripartito firmado por él, los empresarios, el gobierno y la espúrea representación de la Confederación de Pensionados de Colombia, CPC, como un hecho histórico y revolucionario para los trabajadores y una “oportunidad  para lograr resolver los problemas que por años ha tenido el sindicalismo colombiano”. A semejante defensa del gobierno con frases, afirmaciones y argumentos propios de los funcionarios de la Casa de Nariño, le adicionó la perversa afirmación: “esta actitud de defender a los trabajadores”, según Julio Roberto, le esta acarreando amenazas ya no sólo por los paramilitares sino por la extrema izquierda, tratando de sembrar la duda entre el movimiento sindical de nuestro continente sobre el carácter civilista de la CUT, pidiendo en el colmo de los colmos, un pronunciamiento de solidaridad de la CSA.
Culminó con un duro cuestionamiento a los sindicalistas colombianos y norteamericanos por la batalla que se viene dando en Estados Unidos en contra de la ratificación del TLC. Sindicalistas que queman banderas de los EE.UU. en Colombia y gritan contra el imperialismo, van a Norteamérica a pedirle al gobierno, los congresistas y los sindicalistas gringos que no ratifiquen el tratado, dijo palabras más, palabras menos (muy similares a las expresadas varias veces por el ex presidente Uribe) para, seguidamente señalar como oportunistas a los sindicalistas de la AFL-CIO, porque según él, estaban en contra del TLC no porque les interesasen los problemas de los trabajadores colombianos sino por defender los intereses de sus trabajadores norteamericanos (frase expresada varias veces por Angelino Garzón ). Todo acompañado de la frase ya menos creíble en su boca, que la CGT sigue estando en  contra del TLC y que los sindicatos de esa central que han ido a defender el tratado a Estados Unidos lo hacen en virtud de la “democracia” que reina en su   organización.
Las aclaraciones tranquilas y bien argumentadas, de la representación de la CTC y de la CUT sobre el papel de aliado del gobierno de Julio Roberto Gómez y sobre la naturaleza continuista y neoliberal del gobierno de Santos; el inconsecuente documento de actualización del Acuerdo Tripartito y del engaño contenido en la agenda laboral Santos-Obama, sumado a la impertinencia del ataque expresado contra la AFL-CIO, conllevaron a que no sólo no hubiese una sola voz de apoyo de parte de los cerca de 30 delegados de todo el continente a sus afirmaciones, sino a que hubiese una voz unánime, por parte de los miembros del secretariado, compañeros: VICTOR BAEZ, LINDA CHAVEZ y la Representación de la CSI, señor JAAP VIENNEN, en el sentido que  luchar en  contra de  los tratados de libre comercio, es decisión vigente de la CSA y apoyando la lucha del movimiento sindical colombiano y estadounidense, catalogaron como lamentable el ataque a la AFL-CIO. Igualmente, señalaron tajantemente, que el acompañamiento y solidaridad de la CSA frente a la violencia antisindical en Colombia era con las tres centrales y toda su membresía, negándole  su pretensión de solidaridad a él y la CGT. Que quede este hecho inconsecuente, uno más de los que viene protagonizando  en los últimos meses Julio Roberto Gómez, dentro y fuera del país, para congraciarse con el gobierno y los empresarios, como una lección para el movimiento sindical de nuestro país para tener claro que la calidad nacional y democrática del sindicalismo se mide por su consecuencia con los intereses de las clases trabajadoras y el pueblo colombiano; por la verticalidad a la hora de desechar las conductas conciliacionistas y patronales, es decir el esquirolaje e inconsecuencias con los intereses de  clase y de la nación.

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