Enero 18, 2018

“Los teloneros” (uno de cada tres electores no tiene candidato)

Aurelio Suárez Montoya, Bogotá, julio 4 de 2011

Finalizando marzo, Ernesto Samper, al referirse a los candidatos a la Alcaldía de Bogotá, dijo: “En este momento estamos asistiendo a los teloneros, faltan las shakiras”. Comenzando el mes de julio, la esperada transición no se ha dado en tanto faltan algunos por saltar al escenario. No se ha establecido quién goza del guiño de Juan Manuel Santos; el Polo Democrático Alternativo no ha dado a conocer el suyo y Mockus, dos veces alcalde y quien obtuvo más de 800 mil votos en la ciudad para la Presidencia en 2010, expresó que “estudia cómo volver a la Alcaldía”, que “quiere tercera oportunidad”. (www.antanasmockus.com/index….).
Existe vacío político pese a la existencia de cinco “teloneros”. Entre todos, en la encuesta de Cifras & Conceptos de junio 30, sólo recogen al 50% de los encuestados, porque “casi un tercio votaría en blanco” (www.semana.com/nacion/palo/1….). El puntero, Petro, quien públicamente no ha modificado aún su estatus de “precandidato” (www.lasillavacia.com/historia/ 24835) apenas llega al 15 por ciento.
El carácter de “teloneros” se reitera al escucharse “las propuestas”. Prima el desdén por los intereses reales y necesidades prioritarias de la mayoría. Nadie habla de cómo atender el costo exorbitante de los servicios públicos privatizados que son, según la encuesta de 2010, del programa Bogotá cómo vamos, causa principal del deterioro de la situación socioeconómica de los bogotanos; menos del costo del transporte y la alimentación, otras de las razones de la pérdida de calidad de vida. Nada que toque a las doce familias y al puñado de multinacionales apoderadas de las rentas públicas de Bogotá.
El debate se circunscribe a seguridad, corrupción y movilidad; la agenda impuesta. Todos, incluso Petro, ofrecen soluciones circunscritas a la represión; coinciden con las soluciones oficiales; todos se autoproclaman paradigmas de la “transparencia”, y en cuanto a la movilidad, las insensateces van desde las de quienes proponen un metro como “polo de desarrollo” (que no lo ha sido en parte alguna del planeta); pasando por los que para hacer “Bogotá humana” impulsarán más el “Transmilleno”, hasta aquellos que descalifican el metro porque sería para minorías.
Ninguno habla de los exorbitantes costos de la vivienda popular, nadie menciona cobrar el impuesto de plusvalía a los “negociantes” del suelo, menos aún de curar a Bogotá de las secuelas que traerán los TLC; nadie habla del impacto de las normas urbanas del Plan Nacional de Desarrollo y demás políticas nacionales regresivas. Las delimitaciones se dan por la afinidad o el distanciamiento con Uribe, porque, al fin y al cabo todos son santistas. Bogotá, como casi todas las ciudades es un “incendio social”; por lo visto en la campaña, quieren apagarlo con gasolina.

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