El pasado 25 de enero Grecia dio un golpe de opinión al mundo, Syriza, fuerza política de diferentes tendencias de izquierda, alcanzó un 36 % de la votación y 149 escaños logrando las mayorías en el congreso, eligiendo como primer ministro a Alexis Tsipras. Duro golpe a la política de austeridad promovida por Alemania, el FMI y la OCDE ante la peor crisis económica sufrida por Europa después de la II guerra mundial. Acontecimiento que nos permite entender que una decisión soberana de resistencia puede cambiar el rumbo de un país.
Es sabido que la crisis del 2008 repuntó con mayor fuerza sobre países europeos como Grecia donde la tasa de desempleo ascendió al 27% y la de jóvenes al 50%, su deuda pública se desbordó por encima del 170% del PIB de su país. Se redujeron las pensiones en un 40%, profundizando la privatización y el desmantelamiento de servicios públicos. El pueblo griego con poco que perder dio un viraje para definir un nuevo camino, el programa de gobierno de Syriza pretende auditar la deuda pública, renegociar su devolución y suspender su pago hasta que la economía se recupere. El nuevo gobierno griego anunció el incremento del salario mínimo a su nivel previo tras los recortes de la troika, electricidad gratuita para 300.000 hogares a los que se les cortó el suministro y la creación de 300.000 puestos de trabajo. Así mismo planteará subir el impuesto de sociedades para las grandes empresas al menos hasta la media europea y rebajar drásticamente el gasto militar, como también valerosamente cerrar todas las bases extranjeras en Grecia y salirse de la OTAN como lo expresa su programa electoral. Otro ambiente será el que se respirará en tierras helenas.
Mientras tanto, en Colombia, la crisis es elocuente. La implementación de las formulas del consenso de Washington y del libre comercio tienden a favorecer la inversión extranjera por vía de TLC, minería y petróleo. Medidas que con la caída del crudo significarán menores ingresos por exportaciones y menor inversión por caída del precio. Además la revaluación del dólar ha encareciendo las exportaciones golpeando fuertemente al aparato productivo nacional. El rubro de servicio de deuda asciende a 47 billones de pesos, acompañado de un déficit de 12,5 billones de pesos que faltan para el presupuesto del año 2015. Tampoco deja de preocupar el ínfimo aumento del 4,6% del salario mínimo, cifras nada alentadoras para el rumbo de la economía nacional. Como si esto fuera poco la OCDE ha venido anunciado algunas sugerencias al presidente Santos, que expresan la ejecución de una nueva reforma tributaria y una reforma pensional que aumente los años de pensión para hombres y mujeres, donde se extiendan las semanas de cotización y se elimine el régimen de prima media con prestación definida.
El ejemplo griego sirve para entender que ante el estrangulamiento y la crisis gestada por la voracidad económica del neoliberalismo se puede dar un viraje, quienes resisten y asumen el valor soberano de cambiar el rumbo de su nación lo pueden lograr aún en medio de la crisis. Colombia puede tomar ejemplos de este tipo que contrarresten el panorama que se avizora en el gobierno de Juan Manuel Santos y del uribismo, que aunque difieran en algunos asuntos de forma, obedecen a los mismos intereses. Otro país es posible aun en medio de la actual situación, Colombia tiene arreglo en la medida en que elijamos otro tipo de dirigentes que trabajen por un modelo de país diferente.
