Cristian Luna-Andrés Carmona
(Candidatos a la presidencia y vicepresidencia del consejo estudiantil de CPG&GDU de la Universidad del rosario)
Los médicos tienen la vida de los pacientes en sus manos, pero quienes estudiamos la política tenemos en nuestras manos la vida de toda la sociedad, estas fueron las palabras pronunciadas por el decano de la Facultad de Ciencia Política y Gobierno de la Universidad del Rosario, cuando inicié mis estudios en dicha facultad, esta premisa la hemos ido corroborando –hablo también por el coautor del este documento- con el paso de los años, por medio de la teoría y la practica. La política ha trazado la vida de las sociedades, incluso con más de 2400 años de existencia, de este modo los aportes teóricos hechos por diversos estudiosos de la materia han sido las bases para organizar a la sociedades, incluso en unas variadas y, en algunos casos antagónicas, teorías.
Aunque el ejercicio político es tan antiguo como la humanidad misma, no fue hace muchos años que éste se reglamentó a nivel mundial como una disciplina para ser estudiada en las universidades, tal como lo explica Giovanni Sartori[1]. También es cierto, que el debate ha estado centrado entre la escuela estadounidense y la escuela británica, que han discutido entre los alcances prácticos, su método, su relación con las instituciones y la posibilidad de asumir asuntos de gobierno. Sin embargo, más allá de estas discusiones sobre los alcances de la disciplina, los diferentes teóricos o estudiosos de la política han aportado desde diversas interpretaciones de la realidad, la sociedad, la economía, la política y el mundo al devenir de las sociedades y la acción política.
Tal como lo describe José Fernando Ocampo eran Marcuse y Mills, a un lado del océano, los que inspiraban un movimiento de rebelión, en el otro, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, baluartes de una filosofía política, quienes encabezaban las manifestaciones de la juventud en el movimiento del ‘68 en París, mientras un metafísico del marxismo, Louis Althusser, despotricaba contra los desmanes estudiantiles. Entre tanto, los elementos comunes a estos autores, son las posiciones políticas que adoptan en un momento concreto y que de estas parten su interpretación de la realidad, claro esta, cada uno formado en una escuela, teoría y metodología diferente.[2]
En Colombia la Ciencia Política como disciplina tiene una historia corta. Son pocas las universidades que imparten la formación en Ciencia Política y algunas deciden mezclarla con estudios internacionales o estudios de gobierno, buscando conciliar las escuelas anglosajonas y norteamericanas y zanjando la diferencia existente entre el estudio del Estado y los fenómenos políticos, sociales, económicos y culturales con el ejercicio de dirigir o participar en entidades gubernamentales, a tal punto de confundir la tecnocracia con la política.
Dentro de esta confusión disciplinar, en la Cámara de Representantes se ha presentado un proyecto de Ley que pretende reglamentar el ejercicio del politólogo mediante la creación de una tarjeta profesional junto a otras disposiciones, entre las que se encuentra, la creación del Colegio Nacional de Politólogos. A su vez, el proyecto de ley define de manera reducida la ciencia política, limita el quéhacer de un politólogo y sus campos de acción en lo público y lo privado, además hace primar un código ético para certificar los asuntos de buena conducta; en todos estos aspectos el gobierno tiene intervención. Por otro lado, la exposición de motivos del proyecto de ley argumenta que: las principales Facultades de Ciencia Política apuntaron a formar profesionales idóneos en el manejo de los asuntos de gobierno, con alto sentido ético y conocimiento técnico no solo para analizar situaciones dentro de la esfera política sino con alto sentido social de la realidad del país.
Ante esto, no queda más que hacer las siguientes apreciaciones, el desarrollo de la ciencia política esta fundado en su capacidad para gestar la acción política por parte de las personas. Esta acción política no será uniforme ya que las diversas teorías e interpretaciones de la realidad que son materializadas en posiciones políticas, permiten una confrontación de ideas, que ponen a prueba la validez de las premisas expuestas, para el análisis de un momento político concreto. Limitar el accionar de un politólogo a una debida conducta ética, a los conocimientos técnicos y administrativos para manejar el Estado, es retroceder en lo que la ciencia política había avanzado, es decir, en la relación estrecha de la teoría con la práctica y como conclusión una determinada acción política.
El proyecto de ley 073 simplifica la ciencia política, no permite una construcción constante por parte de la academia, no hay nada más peligroso que se pierda la independencia de la disciplina y que el estudio de la política pase a ser determinado por el gobierno de turno. Dicha condición socaba la autonomía y homogeniza no solo la disciplina sino a quienes la practican, reglamentar legalmente la ciencia política estableciendo una definición única aceptada por la legislación colombiana, deja solo una senda de lo que sería políticamente correcto, causando así, que cualquier manifestación fuera de ella estaría actuando por fuera de la ley. Lo anterior acabaría con la acción política, con la oposición, con la critica y, en sí misma, con la naturaleza de la ciencia política.
Lo anterior, es consecuencia de los desaciertos del gobierno colombiano y su unidad nacional. Ellos son quienes han decidido legislar mal, teniendo como regla máxima generar el menor beneficio para el país, así mismo sucedió con la reforma a la ley 30, la reforma a la justicia y los artículos derribado del PND que permitían la extranjerización de la tierra. Al igual que la reforma tributaria, este proyecto de ley –guardando las proporciones- han sido rechazados por amplios sectores de la sociedad colombiana; que esperan que el final de los mismos sea su hundimiento. Demostrando que nunca un ciego podrá guiar a quienes pueden ver.
En cuanto a nosotros los estudiantes, nos lleva más hacia la orilla de la tecnocracia, nos hunde en la construcción de un modelo de ética profesional y nos niega la opción de seguir ahondando en la construcción de alternativas políticas para la sociedad. Nos aleja de la realidad y nos ubica dentro las consultorías, las cuales verifican el grado de excelencia de una iniciativa gubernamental o privada; ya no podremos ejercer la critica ni mucho menos incitar a la transformación política de las naciones, que en últimas es lo que toda nueva teoría política pretende, algunas en mayor grado de desarrollo que otras. Sin embargo, nosotros insistimos que nuestro deber sigue siendo: Pensar la política como una ciencia y practicarla como una pasión.

