Alejandro Rayran
@AlejandroRayran
El oponerse al TLC no significa un rechazo a ultranza del mismo, cada uno de estos tratados se debe analizar con la realidad material de Colombia, si cumple a cabalidad con los intereses del pueblo colombiano y a partir del resultado se evalúa si se firma o no el acuerdo. La segunda claridad es que los tratados de libre comercio no son una rueda suelta en el marco del sistema económico internacional, sino que por el contrario cumplen un papel fundamental en las crisis económicas, en el funcionamiento de los países con poder y las multinacionales.
Estos acuerdos comerciales les permiten a países dominantes fortalecer sus economías con la exportación, las cuales deben realizar por los excedentes de capitales y bienes que ya no se pueden consumir en sus propios mercados y que los lleva a las crisis periódicas del capitalismo, afectando así, los parques industriales de los países más frágiles. Estas figuras jurídicas son la fase superior de dominación porque las naciones afectadas así quieran salirse de ellas no podrán, sino por el contrario deberán cumplir todo lo acordado.
El tratado de libre comercio que actualmente tiene Colombia no fue una idea espontánea, sino por el contrario Estados Unidos ya había intentado implementar estos acuerdos por medio de las Áreas de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que según Colin Powell, secretario de Estado del ex presidente Bush, este acuerdo tenía como objetivo: “(…) garantizar a las empresas norteamericanas el control de un territorio que va del polo Ártico hasta el Antártico, libre acceso sin ningún obstáculo o dificultad, para nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio”[1]
Esta figura comercial está fundamentada por algunas teorías que son falacias, las cuales tanto el gobierno de Uribe como el de Santos las usaron para legitimar el tratado de libre y comercio. La premisa más importante es que los países que más exportan son los que más se desarrollan, pero las cifras del Banco Mundial desmiente lo anterior, según la proporción de exportaciones respecto al PIB de Estados Unidos es de 14%, Japón 15%, Colombia 19%, Angola 65% y Congo el 87%[2]. Y no sobra recordar que los países que actualmente son grandes exportadores industriales lo hicieron fortaleciendo el mercado interno para sus productos. Como también hay que dejar claridad que países con una alta deuda externa, usan estos ingresos para pagar la misma.
Ahora bien, en conmemoración al cumplimiento del primer año de vigencia del TLC entre Colombia y Estados Unidos, los resultados no nos deben extrañar, pues antes que éste entrara en funcionamiento, diferentes analistas como Eduardo Sarmiento ya habían pronosticado su terrible resultado para la industria y el agro colombiano. La primera en manifestar el malestar con el TLC fue la Sociedad de Agricultores de Colombia SAC, la cual sostiene que hubo una caída el 8% en volumen y del 15% en valor en las exportaciones del sector agropecuario. A lo anterior se le debe sumar los subsidios que el gobierno norteamericano siempre le ha otorgado a su sector agricultor y que se ha agudizado aún más este apoyo por la actual crisis económica[3] A parte de esta nefasta cifra se le debe agregar la caída de la industria que comparando el mes de marzo del año 2012 al 2013 cayó el 11.5%[4]
Y aunque Juan Manuel Santos y los que apoyan estos acuerdos comerciales intenten maquillar los resultados, las movilizaciones de los diferentes sectores como los arroceros, paperos, cafeteros, camioneros, cañeros, entre otros, le han demostrado que los tratados de libre comercio atentan contra la soberanía nacional, alimentaria, política y económica del país.
Los resultados y las manifestaciones dejan de facto que Colombia no se encuentra preparada para estos tipos de acuerdos, pero ante tales hechos Juan Manuel Santos se hace el ciego, sordo, mudo y testarudo al intentar firmar más tratados de libre comercio con Israel, Turquía, Corea del Sur, Unión Europea y hasta con China.
Es por ello que como dijo el premio nobel de economía Joseph Stiglitz cuando estuvo en Colombia, “es mejor no tener tratado que tener un mal tratado” y con respecto al TLC con los Estados Unidos “no es justo ni libre”. Y aunque muchas personas sostengan que el debate es bizantino y ya no es el momento de darlo, creo pertinente que es el mejor momento para darlo entendiendo que Santos intenta firmas más afectando aún más la economía
[1]Wall Street Journal.16 de Octubre de 2001.Citado por Catala Oliveras, Franciso A. El ALCA y el unilateralismo de EU. EN www.serpal.info/new03/256.htm.

