El movimiento juvenil en la Revolución de Independencia

La Guerra de Independencia en la Nueva Granada fue el resultado de más de 30 años de cambios económicos, políticos, culturales y sociales en el mundo, que se reflejaron en las relaciones de las colonias americanas con la metrópoli. En esta gesta heroica, la juventud criolla desempeñó un papel de primer orden, pues no solo acertó a captar la coyuntura revolucionaria del final del Siglo de las Luces, sino que se lanzó con valentía a emprender con la lucha las profundas transformaciones que le abrieron el camino a la nueva nación. La juventud ha sido, en todos los momentos históricos, una fuerza decisiva en el cambio de las sociedades.

Entre los muchos antecedentes políticos, que arrancan con el levantamiento de Túpac Amaru en el Perú, en 1780, hubo uno en especial, la Revolución Comunera de 1781 contra la alcabala y demás impuestos injustos, que materializa las contradicciones económicas con el dominio español. La Corona había aprobado una reforma fiscal muy onerosa para financiar la guerra con Inglaterra y había recortado la participación criolla en la administración colonial. Además, el imperio de los Borbones monopolizaba la exportación de oro y plata y, en general, el comercio exterior, gravaba los naipes, el aguardiente y el tabaco, impedía el desarrollo de la manufactura y descargaba sobre los mineros una serie de pesados tributos como el quinto real.

No solo incidieron los factores económicos para avivar el descontento. A ellos se sumaron los cambios culturales en el mundo, alimentados por la Ilustración, la victoria de la revolución de independencia estadounidense en 1783 y la posterior promulgación de la Constitución de Filadelfia de 1787, que consagraron la soberanía nacional y la República e influyeron en la Revolución Francesa de 1789. Al mismo tiempo, la reforma educativa de 1784 y la Expedición Botánica de Mutis, el Observatorio Astronómico de Santafé, los primeros colegios laicos, entre ellos el San Bartolomé tras la expulsión de los jesuitas, la primera biblioteca pública, los primeros periódicos y tertulias como el Arcano Sublime de la Filantropía, fundado por el Precursor Antonio Nariño y por el francés Louis de Rieux, le abrieron la mente a la juventud. Fruto de las nuevas ideas fue la Declaración de los Derechos del Hombre, traducida e impresa por Nariño en 1793 y que le costó ser llevado entre cadenas a la cárcel de Cádiz.

Mutis fue determinante para que la juventud criolla abrazara las ideas ilustradas y se apasionara por las ciencias naturales, la física y las matemáticas. En sus clases en el Colegio San Bartolomé y el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, el sabio gaditano enseñaba las ideas de Newton, Galileo y Copérnico y difundía el método científico basado en la experimentación. Por defender la tesis heliocéntrica fue llevado a juicio por la Inquisición, aunque logró salir absuelto. Por ello, la historia identifica la Expedición Botánica y el pensamiento de Mutis como precursores de la Independencia. De la revolución educativa a la lucha política por la independencia no había sino un paso, que no tardaron en darlo los científicos de la Expedición, como Pedro Fermín de Vargas, José Félix de Restrepo, Eloy Valenzuela, Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano y Sinforoso Mutis, entre otros.

En 1794 se dio el primer movimiento estudiantil en la Nueva Granada con la conspiración de los pasquines. En protesta por los altos impuestos, el monopolio de la corona y el régimen colonial, la juventud pegó en las casas de algunos altos funcionarios del Virreinato numerosos pasquines qué decían:

Si no quitan los estancos, 

si no cesa la opresión, 

se perderá lo ganado, 

tendrá fin la usurpación.» 

Mutis y Nariño, como lo señaló el historiador José Fernando Ocampo, “Defendieron una nueva concepción del mundo y una nueva forma de gobierno. Mutis sobre el mundo, abriendo las mentes a nuevas concepciones. Nariño sobre el gobierno y las ideas autonómicas, generando la aspiración de independencia.”

La clase dirigente criolla vio la oportunidad con el encarcelamiento de Fernando VII por las tropas de Napoleón en 1808, lo que desató una severa crisis en el Imperio Español. Por toda América se promovieron juntas supremas de gobierno, la forma que se le dio a los primeros intentos de independencia. La de Santafé estuvo presidida por Camilo Torres, José Miguel Pey, José María Carbonell y José Acevedo y Gómez, quienes, el mismo 20 de julio por la noche, sustituyeron al virrey Amar y Borbón y firmaron un acta en la que le impusieron a Fernando VII un requisito imposible de cumplir por seguir preso en Francia. La Junta lo reconocía, pero “Siempre que venga a gobernar entre nosotros”. 

Con la derrota de Napoleón en Waterloo y el regreso de Fernando VII al trono, vino la reconquista. Cayó Cartagena en 1815 y Santafé en 1816 y el Pacificador Morillo ordenó fusilar a José María Carbonell, Jorge Tadeo Lozano, Camilo Torres, Policarpa Salavarrieta, Francisco José de Caldas y otros próceres. Mientras eso sucedía, Bolívar se reunía con Louis Alexandre Petion, presidente de Haití, que había conquistado su independencia en 1804, y consiguió ayuda para la campaña de independencia de Venezuela y la Nueva Granada. Santander, que dirigía la resistencia en Casanare, acordó con Bolívar formar la República de Colombia, más conocida como la Gran Colombia, por reunir a las actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá.

Después de lograr unir a la nación y cruzar el Páramo de Pisba, Bolívar venció en el Pantano de Vargas el 25 de julio y en la Batalla del Puente de Boyacá, el 7 de agosto. El Virrey Sámano huyó de Santafé y, el 10 de agosto, Bolívar y el ejército libertador entraron a la capital dando fin a la campaña iniciada dos meses antes. La nueva República de Colombia, con capital en Bogotá y presidida por Santander, como encargado, sirvió de base a la campaña libertadora comandada por Bolívar en Venezuela y Ecuador, Perú y Bolivia. 

El papel de la juventud criolla en el nacimiento de la patria debe servir de ejemplo para la juventud colombiana. Las ideas de soberanía, democracia y progreso deben profundizar la lucha por una Colombia auténticamente soberana y libre de imposiciones extranjeras, como las que los gobiernos de Uribe, Santos, Duque, Petro y ahora De la Espriella han acatado sin vergüenza. Imposiciones como el Tratado de Libre Comercio han llevado a la quiebra la economía nacional en beneficio de los grandes monopolios norteamericanos.

Es hora de abrirle el camino a una nueva independencia. Por ello es fundamental que la juventud se decida a luchar por una educación científica y de alta calidad y que abra su mente, como sucedió en la época del sabio Mutis. Es también necesario que comprenda los fenómenos mundiales y regionales y que dé el paso sin vacilaciones a la lucha política. Solo así entenderemos que este es no solo el país qué nos tocó vivir, sino también el que nos tocó transformar.

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