Por Nicolás Roa Vargas
En los últimos meses, como resultado de los pésimos resultados de Colombia en las pruebas PISA, se ha venido discutiendo el tema de la formación de educadores en las licenciaturas del país. Sobre el propósito de “mejorar” la formación docente, el Ministerio de Educación Nacional ha emitido varios borradores de una Resolución bajo el supuesto de mejorar la calidad en tales programas. Con el ánimo de contribuir a cualificar la discusión en torno a esta Resolución, el interés del presente artículo es hacer un breve recuento de la formación docente en uno de los mejores sistemas educativos del mundo: el finlandés.
Finlandia se destaca por sus resultados en las pruebas PISA, organizadas por la OCDE, y por su modelo educativo ampliamente reconocido por varias instituciones como la UNESCO y la ONU. Vamos a mirar algunos aspectos de este modelo educativos que sirve de base para una formación docente de alta calidad, y sobre esto, resolver la pregunta con este ejemplo de la práctica de si tal Resolución sirve, o no, para acortar nuestra brecha educativa frente al mundo.
Finlandia es un país en cuya historia reciente encontramos la transición de una economía basada en el sector primario a una en la que la industria representa el 31% del Producto Interno Bruto. La educación finlandesa tuvo que derrotar tres grandes enemigos para convertirse en lo que es hoy: la influencia de la religión sobre la educación, la injerencia extranjera en contra de la cultura nacional y el elitismo y la antidemocracia, poniéndose como objetivos primordiales la equidad y el desarrollo productivo y científico. En Finlandia se invierte en educación el 7,22% del PIB, 2,582 Euros por habitante, mientras en Colombia se invierte el 4,93% del PIB y solo 297 Euros por habitante. El gasto público en Educación representa el 97,6% del total del gasto educativo en Finlandia, mientras en Colombia éste solo representa representa el 65% del total del gasto y la participación privada en la financiación de la educación, en el que se cuenta el aporte de las familias, representa el 35%, un porcentaje sumamente elevado comparado con el promedio de los países de la OCDE que se encuentra en el 16%.
En Finlandia es prioridad la formación de los educadores para preescolar, primaria, básica y media. La formación de estos educadores se realiza en ocho universidades regionales, todas públicas, las cuales se coordinan a nivel nacional a través de un Comité que garantiza la consistencia curricular de cada uno de los programas ofertados, respetando la autonomía de cada una de estas universidades.
Los estudiantes de las carreras de formación docente son rigurosamente seleccionados desde la educación media vocacional, en donde ya se adelanta parte de la formación para los futuros docentes. Solo 10% de los más de 5,000 aspirantes que se presentan a estas carreras logran ingresar. ¿Cuál es el atractivo de la carrera docente? Su reconocimiento social, su nivel de autonomía así como su salario, el cual garantiza una buena calidad de vida.
Los docentes finlandeses, antes de ejercer, tienen que tener nivel de Maestría en el área del conocimiento en el que enseñan. Los programas de pregrado requieren mínimo 180 European Credit Transfer System (en adelante ECTS), cada uno de los cuales equivale a 25 o 30 horas de trabajo, y las maestrías requieren 120 ECTS. Los programas de formación para docentes de primaria incluyen 60 ECTS en estudios pedagógicos, 60 ECTS para otros cursos en formación científica y educativa y 40 ECTS para investigación. La mayor carga de créditos está orientada hacia la formación teórica, científica y pedagógica de los docentes.
Para la formación de profesores en materias específicas para la educación básica y media la mayor carga de créditos es puesta en la disciplina a enseñar, requiriéndose la aprobación de 90 ECTS en estas áreas de estudio avanzado, más 60 ECTS en otra área científica que el maestro pueda desarrollar (¡150 créditos de 190 puestos en formación disciplinar!). Para acompañar estos programas el Departamento de Formación para Docentes realiza cursos de estudios pedagógicos en colaboración con las Facultades de Educación. En resumen, en Finlandia el énfasis de los programas esta puesto en la formación disciplinar y pedagógica, y no en las “prácticas educativas” y gracias a ello tienen el sistema educativo más reconocido del mundo.
El resultado de su política es de destacar: en 1960 solo 1 de cada 10 finlandeses tenía más de 9 años de formación escolar; hoy solo 1 de cada 10 deja de graduarse de la educación media vocacional. Este es un buen ejemplo de que la base de una buena educación es la decisión política de establecer esta como una prioridad social.
Resumiendo, el éxito de la formación de docentes en Finlandia se debe a la amplia cantidad de recursos estatales invertidos en instituciones públicas, a la coordinación de planes a nivel nacional que cuentan con la participación de las comunidades educativas, el respeto a la autonomía universitaria y escolar, a la fuerte formación disciplinaria y a prácticas organizadas en las que el magisterio juega un papel esencial, así como a la dignificación y reconocimiento de la labor docente. Estos modelos juegan un papel fundamental en la consecución de la soberanía económica y cultural de las naciones.
Examinando esta serie de políticas generales que han sido exitosas en educación cabe realizar la siguiente pregunta: ¿De verdad, a través de una resolución violatoria de la autonomía universitaria, busca el Ministerio de Educación superar los profundos escollos de la formación de profesores? Lo que busca el Ministerio es consolidar un modelo educativo en el que el Estado juega el papel de “regulador” del mercado a través de la Acreditación y el Registro Calificado, mientras enfoca la financiación a la demanda a través de los créditos del ICETEX y los programas como “Ser pilo paga”, del cual el gobierno ya anuncio un capítulo especial para formación docente. Con razón universidades privadas como la ICESI o Los Andes buscan abrir programas de Licenciaturas. Santos consolida un modelo educativo que profundiza la desigualdad y condena al país al atraso productivo y científico.
Frente a esto, los docentes en formación tienen una cita con la historia para no dejarse engatusar con la demagogia del Ministerio de Educación, y luchar por una formación docente democrática, científica y al servicio de la nación.
Bibliografía
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