Jiseth Danelis Perez Herrera / OCE – Atlántico
Desde la OCE queremos insistir con firmeza que el 8 de marzo no es una fiesta de actividad comercial, ni mucho menos económica, El Día de la Mujer se está desviando, se olvida de lo que realmente debe celebrar, tanto es la desviación que se escuchan barbaridades como “ellas también son capaces”. Si vamos a celebrarlo, creo que es importante hacer un esfuerzo para que quede claro qué es lo que recordamos el 8 de marzo; de otra manera se lo tomará la monotonía comercial, olvidaremos su propósito, y terminaremos celebrando a las mujeres “por haber nacido”. El 8 de marzo día internacional de la mujer, ES UN DIA QUE SE CONMEMORA, no estamos celebrando el hecho de ser mujeres, hasta el punto de recibir comentarios como “gracias por ser mujer”, cosa que nadie tiene que agradecernos. Sin embargo veo que nuestra amada sociedad en el Día de la Mujer se coloca de acuerdo así: Las empresas reparten flores, las emisoras hablan de “la infinita belleza de la mujer colombiana”, por solo mencionar un par de casos, dándole un giro a lo que realmente se debe conmemorar. No es que el Día de la Mujer esté mal, de hecho, pero considero que su celebración debe recuperar SU ORIGEN HISTORICO Y SOCIAL, conocer que ese Día de la Mujer nació a finales del siglo XIX, y se empezó a celebrar en el siglo XX como una conmemoración de una jornada de lucha específica para la mujer y sus derechos, es de vital trascendencia para empezar a tener conciencia del por qué de la existencia de este día.
En principio se celebra y recordamos el trabajo de esas mujeres que lucharon porque hoy podamos votar, manejar nuestro propio dinero (sin la intervención de un tutor masculino –padre, hermano o esposo), planificar, usar pantalones, trabajar y hasta hablar en público, luchas que se dieron a pulso y por las que toda colombiana debe estar agradecida. El Día de la Mujer es conmemorativo por la fuerza de las mujeres, eso es hermoso, valiente, y sin embargo la celebración de las instituciones y algunos ciudadanos de a pie suele ser cobarde y mediocre.
Hay que insistir con firmeza que el 8 de marzo no es una fiesta de actividad comercial, sino una ocasión para la reflexión, para pensar como las mujeres han sido oprimidas culturalmente, viéndose obligadas a luchar el doble por ocupar los espacios de participación e incidencia, en una sociedad pensada para los hombres, donde queremos instalar la esencia de ser mujer como una alternativa real y sin el menoscabo de otros sectores, apuntando al logro de alcanzar un equilibrio en un nuevo tipo de sociedad, más solidaria, justa y ética.
Esta debe ser una fecha para evaluar la posición y la condición de las mujeres en cada país, departamento o estado, ciudad y municipio, para exigir a los gobiernos que cumplan con los compromisos internacionales, para solicitar que rindan cuentas de los avances, logros y también de los retrocesos.
Hoy parece increíble, pero no hace mucho la mujer era un ciudadano de segunda categoría, sin derecho al voto, sin igualdad laboral ni por supuesto salarial, que no podía ocupar cargos públicos, sin igualdad ante la justicia y, sobre todo, sin derecho a decidir su propio destino. Es bueno recordar estas cosas a las futuras generaciones y ver que, de cualquier modo, en una sociedad como la nuestra, no todas las mujeres han accedido a estos derechos.
Actualmente, quienes dirigen el Estado Colombiano, no han querido considerar temas cruciales para el futuro de la mujer en Colombia, que se refleja en la potenciación de problemáticas que impiden el resguardo de sus derechos fundamentales y el de sus familias, millones de mujeres sufren con todo rigor los graves efectos de la descomposición económica fruto de la maquinaria neoliberal. Las políticas que del mismo se desprenden favorecen la acumulación de riquezas en manos de contadas minorías, focalizando la pobreza en millones de pobladores, especialmente la mujer. Por eso es de vital importancia la unión para fortalecer los grandes movimientos femeninos y la movilización por sus derechos. Diciendo NO a la violencia contra las mujeres y comprometiéndonos a trabajar desde todas las instancias contra la discriminación.
Tenemos una deuda histórica con nuestra generación, el legado que dejas en tu época de juventud marcará un trayecto fundamental en el futuro de las generaciones venideras, si tus antepasados pelearon por los derechos que hoy en día tienes, sin tu haber nacido, llegando en algunos casos hasta la muerte por ello, sería esencial que examines tu legado y evalúes la herencia de garantías y derechos que le dejarás a las próximas mujeres, cuya figura y compromiso con los más caros intereses de la Patria están en la deuda histórica que defenderemos. Y en esta lucha que nos une, seguiremos reforzando un trabajo articulado contra un sistema que no se compadece de la dignidad femenina, en última instancia de la dignidad humana.

