María José Cuervo Ballesteros, Facultad de Arquitectura y Diseño, Universidad de los Andes
Bogotá, Colombia.
Los derechos de autor, la libertad de expresión y el acceso a la información, son derechos fundamentales que tienen gran importancia en el desarrollo cultural de una nación.
La llamada ley Lleras 2.0 (ley 1520 de 2012) presentada por el gobierno de Juan Manuel Santos, modifica sustancialmente el régimen de derechos de autor en Colombia. Esta ley, en lugar de fomentar y proteger el desarrollo de la cultura nacional, establece privilegios a las grandes industrias extranjeras del entretenimiento, en detrimento del desarrollo y preservación cultural de la nación, agravando además las condiciones laborales y sociales de los artistas colombianos.
Es explícito, que dicha Ley nace del compromiso que adquiere Colombia con la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el 15 de mayo del presente año, tratado que regula todos y cada uno de los ámbitos de la vida nacional.
¿Por qué Estados Unidos le da tanta importancia al tema cultural?
La industria cultural estadounidense es una de las más grandes del mundo. En el 2001, el 55% de las ganancias mundiales producidas por las industrias culturales eran de empresas norteamericanas. Las exportaciones estadounidenses en materia de propiedad intelectual alcanzaron los 125.64 billones de dólares en el 2007, ubicándose por encima de otros sectores como los alimentos, los químicos, los fármacos y las medicinas, entre otros. En el 2009, se generaron en Estados Unidos 2.2 millones de empleos en el sector audiovisual y 146.493 en la industria musical (Gómez, Rodrigo. “El impacto del tratado de libre comercio de América del Norte en la industria audiovisual mexicana (1994 – 2002)).
La Ley que apoya el monopolio de las grandes industrias culturales
Actualmente las grandes industrias del entretenimiento, como Sony, Disney y Warner, controlan el negocio de la explotación de la obras. Esto se traduce en altos costos para el acceso de la sociedad a las obras y no representa un beneficio económico para los autores, en particular los colombianos. El hecho de que cada vez sean más los artistas que deciden trabajar de manera independiente, refleja el rechazo de éstos frente a las condiciones que las grandes industrias del entretenimiento imponen para trabajar.
La ley Lleras 2.0 propone aumentar el tiempo de protección de los derechos de autor adquiridos por las personas jurídicas (las empresas) de 50 a 70 años (artículo 6 de la Ley 1520 que modifica el artículo 27 de la Ley 23 del 1982). Según el Banco Mundial, las industrias del entretenimiento representan el 8% de PIB de Estados Unidos, el 6% en el PIB de la Unión Europea y el 4% en el PIB de América Latina (Quartesan, Alessandra. “A discussion on Cultural Industries”. 2008). Si conocemos las cuantiosas ganancias de las industrias del entretenimiento en todo el mundo, ¿por qué restringir 20 años más el derecho que tenemos todos los ciudadanos a acceder libremente a la información y a las obras protegidas?
Golpe bajo a la producción de televisión nacional
Otro sector que se ve directamente afectado por la ley es el de la televisión. En el artículo 21 de la ley Leras 2.0, se propone modificar la legislación colombiana, que exigía transmitir un 50% de programas producidos en Colombia, reduciéndolo ahora a un 30% en horario triple A. ¿Y es que acaso nos beneficiamos los colombianos con esta disminución?
Es evidente que la tendencia de la televisión en Colombia está encaminada a remplazar el trabajo nacional por el trabajo extranjero, del mismo modo que el TLC con Estados Unidos, tal y como lo expreso Paulo Laserna, ex presidente del canal Caracol, periodista y empresario: “ahora será mucho más rentable para un canal, sacar películas gringas de esas grandes producciones o telenovelas extranjeras con un costo muy barato, comparado con las novelas, realities o programación colombianas. Mientras que hacer una telenovela nacional cuesta una fortuna, en el orden de $8.000 a $10.000 millones, un programa extranjero vale la cuadragésima parte de esa cifra y una película un poco más, pero igual es más barato” y agrega “cuando los canales decidan irse por lo más rentable, se irá perdiendo no solamente la industria que era tan exitosa, sino la identidad colombiana, algo muy marcado hoy en día, gracias a que hay una producción de identidad cultural popular, las novelas son cultura popular, pero en este país nadie defiende esto” ( El País, “Implicaciones del TLC con Estados Unidos en la TV colombiana” , mayo 24 del 2012). No podemos entrar a competir con la industria cinematográfica y de televisión de Estados Unidos que nos lleva mucha ventaja en términos de calidad. Si cerramos los espacios para la producción nacional es mas difícil que la televisión colombiana, como uno de los ejes de la cultura e identidad nacional, se desarrolle, por el contrario, se deberían no solo fomentar los espacios de creación y producción nacional, sino también una política y programas que se orienten a garantizar las condiciones y oportunidades para el mejoramiento de la calidad de la misma.
Censura a Internet
El articulo 13 de la ley, prohíbe la retransmisión a través de internet de señales de televisión. Todos sabemos que la retransmisión es una parte fundamental del desarrollo de internet, y se ha convertido en una manera primordial para acceder y difundir libremente al contenido de estas señales. Esta retransmisión constituye además un elemento básico en la difusión de los conocimientos más avanzados de la sociedad, posibilitando la información y la formación de gran parte de la población mundial, elemento que es a su vez vulnerado. Como en el resto de ámbitos, esta censura es un despropósito que busca, como fin último, garantizar la rentabilidad de los grandes monopolios de la información y el entretenimiento, y no de la mayoría de la población.
Conclusión
La política en materia cultural del actual gobierno consiste en dificultarles a los colombianos cada vez más la posibilidad de que autónomamente preservemos y desarrollemos la identidad y la cultura del pueblo colombiano, contrariando así su máxima de “prosperidad democrática”. La cultura colombiana no es un ente aislado y apartado del resto de la cultura internacional, sin embargo, es deber del Estado definir políticas y programas adecuados y oportunos, además de garantizar, por un lado, las condiciones para el desarrollo y fortalecimiento de capacidades para la producción nacional de alta calidad y, por otro lado, las alternativas para su cualificación permanente y divulgación, aprovechando así la riqueza, creatividad y diversidad de múltiples actores involucrados en el ámbito cultural de nuestra nación.

