Por Saulo Lizarazo Polo-Joven Santander
“Quién tenga oídos que oiga”. Así reza la crisis que golpea a los distintos sectores de la producción nacional e igualmente rezan las voces de quienes, abocados por lo incierto del momento, se hallan apostados hoy en las carreteras del país exigiendo solución pronta y eficaz a la grave crisis del café y el cacao. Pues es tal el marchitamiento económico del país, especialmente el del agro colombiano, que el estertor que produce la falta de empleos, salarios, garantías a la producción, al transporte y al comercio (factores que constituyen la base del bienestar económico y social), ha creado una onda expansiva que le dice a quienes tienen oídos: ¡A sumarse al paro cafetero!
Es así, como poco a poco y en manifestaciones de solidaridad unos y otros han venido rodeando la que sin duda es una fiel muestra de la resistencia civil de nuestros campesinos; que consiste en crear una gran oleada de inconformismo capaz de mover y promover la conciencia de miles y miles que con base en huelgas, marchas y paros de resonancia mayor logran imponerse frente al mangoneo y los insultos del gobierno.
Para pesar del Presidente y sus ministros, caterva de connotados amenazadores del bienestar y progreso nacional, decenas de organizaciones que representan grandes sectores de la población del país han elevado su voz de apoyo al paro cafetero. Desde la Iglesia con sus eclesiásticos risaraldenses hasta los camioneros, estudiantes, profesores, alcaldes, diputados y congresistas.
Atrás quedan las malintencionadas declaraciones de Santos y su ministro Juan Camilo Restrepo por desvirtuar la justeza del paro. Sus pretensiones por desmontarlo, juzgarlo y presentarlo como injusto no resultaron. Ni siquiera ahora, cuando después de cinco días de refriega a los cafeteros se levantan de la mesa de negociación acusándoles de intransigentes. Pretexto que allanan para exhortar a los colombianos a creer que los caficultores son testarudos y no admiten planes de ninguna clase. Testarudez de quienes, incompetentes para atender las exigencias del campo por su devota convicción neoliberal, se aferran a su idea de que “aquí no está pasando nada” para proponer arreglos mediocres a males hondos que les llevan a suponer que 30 mil pesos más por carga de café es suficiente.
Los cafeteros lo saben: las melifluas palabras del presidente ya no desbordan los odios que quieren oír; el país, entretanto, se suma por los cuatro costados al paro que comienza a ser nacional.


Dr Santos. Nunca en la historia de Colombia un paro como este habia despertado tanta solidaridad. Dejen de estar culpando al expresudente Uribe de todo. Deje de hacerse tanta propaganda en la tv. Mire en las encuestas la realidad. Proponga soluciones. Esto no se arregla regalando casitas